martes, 21 de febrero de 2017

Zambra... de mi desesperanza!!!



Y sí, dicen que el humano es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra. Y yo no sería precisamente la excepción.
Después de mi nefasta experiencia flamenca en Madrid y todavía con la bronca de haber tirado 60 euros en algo que sabía de antemano que no me iba a gustar, reincidí en Granada.
Todo me pasó por ingenua. Porque no debí haber pedido consejo precisamente a una guía turística. Ellos tratan de vender los opcionales a toda costa!!! y así, adornó el relato del espectáculo como si fuera a convertirse en lo más glorioso y único que podría presenciar en mi vida.
Se ocupó con la destreza de un ilusionista de destacar las diferencias entre el espectáculo anterior y éste. Que era en una cueva en la montaña, en el verdadero ámbito gitano, donde se podría apreciar la esencia de este baile... bla bla bla. Y yo, deseosa como estaba de descubrir al fin cuál era el significado de los gritos, el enojo y el taconeo, acepté. Esta vez eran 30 euros, sin cena pero con una consumición. Al menos no lamentaría tanto la pérdida si no me gustaba.
Después de un día agotador en la bellísima Alhambra, tan encantadora como extenuante, sólo hubo tiempo para un baño, cambio de ropa y partimos hacia el Albaicín, para una recorrida nocturna que también nos permitiría ver una panorámica de la Alhambra iluminada.
En verdad yo quería hacer sólo esta parte del opcional, pero era inescindible de la zambra gitana.
Hacía tanto frío que me enrosqué todo lo que tenía alrededor de la cabeza. Sólo asomaban mis anteojos nublados, así que ni los ojos se me veían.
No había un alma en las calles, pero me encantó el recorrido, por lo que recuperé la esperanza de que esta vez la experiencia sería distinta.
Llegamos al local. Había cola afuera para entrar. La mayoría, japoneses.
Por la cantidad de gente que esperaba imaginé que debía tratarse de un lugar amplio, mas no podía estar más equivocada!!!
Entramos por un semi laberinto cavernoso de mesitas diminutas, agachando la cabeza en algunas partes porque parecía que iba a rozar el techo. 
En principio el calorcito del interior fue agradable. Después se iría transformando en soporífero y asfixiante, a medida que llegaba más y más gente.
Llegamos a lo que era el salón, escenario, bar, etc. Un hueco en una cueva, que debía tener las dimensiones de mi oficina, siendo muy generosa con las medidas.
Había unas sillas viejas y desteñidas amontonadas contra las paredes. Casi estaban apiladas, porque no entraban vacías. No podía ni imaginar cómo nos acomodaríamos allí.
Esta vez, por fortuna, no había brasileños, así que al menos estaba acompañada por dos chilenas macanudísimas, que salvaron mi noche porque nos divertimos muchísimo!! (no por el espectáculo, aclaro)
Nos ubicamos en el centro, justo frente a la madera gastada que hacía de escenario al nivel del piso... mala idea!!
Debimos encajar los hombros como en un puzzle para entrar, al tiempo que nos quitábamos los abrigos (sin saber dónde ponerlos) y me chorreaba la cabeza como si estuviera al rayo del sol en el Caribe.
De pronto se apagaron las luces y se encendieron otras muy molestas y aparecieron los artistas: un hombre y tres mujeres. El hombre tocaba la guitarra, una de las mujeres cantaba y las otras dos bailaban, una joven y otra bastante entrada en años.
Al igual que en el otro espectáculo, vestimenta pobre, cabello despeinado, como si el descuido fuera parte del show.
Y fue exactamente lo mismo!!!! Los lamentos, las caras de malas, el enojo, los alaridos... con una sola diferencia: bailaban en el mismo piso que nosotros pisábamos, por lo que todo el tiempo los presentes escondíamos los pies, a riesgo de perder un dedo bajo los tacos de los zapatos.
En eso dije a las chicas: "con el dolor de pies que tengo, me llegan a pisar y cometo gitanicidio!!"
Nos tentamos y comenzamos a reirnos de tal manera que la gitana vieja nos lanzó una mirada de maleficio que me hizo erizar la piel!!
En un brevísimo intermedio un mozo recogió los pedidos de la consumición. No elegí nada alcohólico porque el lugar no me inspiraba confianza. Pedí una Coca Cola... caliente, y al terminarla no sabía dónde cazzo apoyar el vaso, ya que no había mesas y dejarla en el suelo hubiera significado un suicidio cantado.
Acto seguido se presentó otro gitano bailador. Lo teníamos tan cerca que tras diez minutos de taconeo, sacudía el pelo y nos salpicaba de transpiración.
Sí, francamente asqueroso. 
Y no tenía fin... era aún más largo que el espectáculo madrileño!!!
En algún momento me relajé y comencé a divertirme mirando las caras de los presentes.
Un pobre viejo de zapatillas escondía tanto los pies debajo de la silla que parecía tener los miembros amputados; otro miraba con incredulidad como pensando "¿esto es lo que pagué?"; una mujer ponía onda y trataba de fingir una sonrisa mientras el marido le tiraba dardos venenosos con la mirada; las japonesas ponían la misma cara de incógnita que si les estuvieran hablando en español. 
Me consoló pensar que estábamos unidos en la desgracia de tener que soportar el "espectáculo" hasta el final.
Y como todo llega, también llegó a su fin. Aplaudí más por librarme de esa tortura que por halagar el trabajo de los artistas.
Dos veces me enganchan, tres no. En Sevilla me negué a presenciar un nuevo show de este tipo. Y qué ironía... dicen que fue el mejor!!!!

martes, 7 de febrero de 2017

La tortura flamenca



Ante todo lo confieso: soy una persona que gusta de los bailes típicos de los distintos países, pero detesto el flamenco. No sabría explicar porqué. Si acaso es la falta de femineidad de la mujer, o lo monótono de las canciones, que a la larga me parecen todas el mismo lamento... pero no me gusta.
Y no es nada contra la música española, porque de hecho hay muchos bailes que me encantan y levantan el espíritu y elevan el corazón, lo que no me ocurre con el flamenco.
Cuando mi compañía de turismo ofreció como opcional la "noche flamenca" en un tablao madrileño dudé, porque si bien no era santo de mi devoción me dije a mí misma: "no podés ser tan prejuiciosa, dale al flamenco su oportunidad". Así que pagué con dolor los 60 euros y fui bajo la consigna "prefiero arrepentirme de lo que hice y no de lo que no hice".
Aún no había un grupo definido, así que todos los asistentes (recolectados en distintos hoteles) eran totales desconocidos, excepto una brasileña muy macanuda, a quien seguí a la hora de elegir mesa. Con tanta mala suerte que de las 10 personas que estaban sentados a la mesa, era la única argentina.
Entonces se pusieron a hablar todos juntos y a los gritos, como lo hacen siempre los brasileños, a una velocidad tal que me resultaba imposible pescar siquiera el hilo de la conversación.
Cuando tocaron el tema político en Brasil (gracias a la traducción que me proporcionó mi "conocida") y profundizaron en el tema, dejé que mi cabeza se relajara y me fui mentalmente muy lejos del lugar. No tenía sentido hacer tanto esfuerzo por comprender un tema en el que ni siquiera hablado en mi propio idioma hubiera podido opinar.
Entonces comencé a estudiar el lugar. Demasiado pequeño para la cantidad de gente que había. Unas mesas redondas en torno a un pequeño escenario bajo y un calor asfixiante, calefacción de aire acondicionado. Oscuridad absoluta, excepto por unos reflectores. Con tanta puntería que uno me daba justo en la cara, lo que me obligaba a permanecer agazapada todo el tiempo, para evitar encandilarme.
En una mesa próxima, un pobre preadolescente gordito iba obligado junto a sus padres. Llevaba auriculares puestos. Lo consideré como una falta de respeto  de los chicos y de los padres.
Al fin comenzaron a servir la cena... la cena más cara del mundo!!
Primer plato un surtido berreta de fiambres, con un plato de ensalada al medio como para que los 10 pellizquemos. Segundo plato a elección: carne o pescado.
No sé cómo habrá estado el pescado, pero la carne además de estar fría, era una costeleta tirada en la plancha (hasta yo me animo a hacerla mejor), un par de espárragos sin gusto a nada y alguna verdurita más perdida en el enorme plato vacío.
Todo rociado con vino tinto, pero sin consideración hacia quienes no nos gusta el vino. Ni gaseosa, ni cerveza, ni nada más. Al que no le gustaba el vino le quedaba por tomar agua.
El postre también escaso y sin gusto. Y ahí comenzó lo peor.
Se presentaron al escenario tres músicos y tres bailarines. El guitarrista era bueno, el otro un percusionista y un cantante, de esos que gritan como si les estuvieran apretando sus partes pudendas con una tenaza.
Los bailarines, una chica joven de vestido berreta y dos hombres con zapatos pelados.
Y ahí nomás empezó la tortura...
El primer tema estuvo bueno, pero el segundo era igual al primero, y así el tercero y el cuarto. Todo monocorde, por momentos agresivo, pero sin alternancia.
Y no entiendo la música, si es un lamento o si es reclamo y enojo, porque la chica tenía tal cara de mala que hasta miedo me dio que bajara del escenario y nos pegara!!
Para el tercer tema, chorreaban transpiración y pensé que habría un cambio de bailarines o al menos un cambio de ropa, pero no, fue sólo una ilusión.
Para entonces miraba al gordito de auriculares con mucha envidia. Se los hubiera quitado con gusto, para escuchar otra cosa.
Intenté entretenerme con el celular... buscando noticias en Facebook o navegando al menos por internet. No había wi fi.
En eso me toqué una oreja y noté que se me había caído un aro. A los 60 euros malgastados se agregaba la pérdida de un aro!!! Empecé a buscarlo en el piso con desesperación como si hubiera sido de oro y diamantes.
Mi compañera brasileña preguntó qué se me había perdido (eso creo, por lo que entendí) y también se agachó, iluminando con su celular. Evidentemente estaba tan embolada como yo.
No lo encontramos, y mi furia iba in crescendo.
Cuando la tortura se había hecho insostenible, de repente sonó en el salón "Bamboleiro" de los Gipsy Kings y me dije "al fin una que me gusta!!!" y alegremente saludaron y se acabó.
Eran las 11. El espectáculo había durado unos 45 minutos, siendo generosa.
Para mí fue una eternidad, pero en principio nos habían dicho que terminaba a medianoche. Así que sentí a la vez alivio y rabia por haberme dejado asaltar tan alegremente.
Se ve que el sentimiento era general, porque tuvieron que encender las luces y arengar a la gente a salir, ya que todos esperaban algo más.
Salí con una furia tal que ni siquiera sentía el frío.
¿El aro?... estaba entre mis pechos, sujeto al corpiño (al menos la pérdida no fue total)
Lo peor es que el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra... en Granada reincidiría... en una zambra gitana!!! Pero eso es tema de otro post.

jueves, 2 de febrero de 2017

De puntualidades y demoras


Cuando contraté mi viaje a España, Marruecos y Portugal me alegró conseguir vuelo desde Rosario con conexión a Madrid, y así evitar las seis largas horas de viaje hasta Ezeiza, con los consabidos temores de piquetes y demás condimentos que pudieran retrasar la llegada por tierra al aeropuerto internacional.
Mas después de escuchar ciertas historias de terror, comenzaron a asaltarme las dudas acerca de mi decisión de viajar por Aerolíneas Argentinas.
Así, me enteré de vuelos que sin explicación alguna habían sido cancelados horas antes del vuelo, obligando a los pobres viajeros a "volar" en remisse hasta Ezeiza; o bien la versión de que en cualquier momento cerrarían el aeropuerto rosarino por contar con una pista defectuosa.
Finalmente corrí esos pensamientos de mi pobre y atribulada cabeza y me puse en positivo.
Llegué a Fisherton con varias horas de anticipación y despaché el equipaje. El vuelo salía media hora antes!! Ni yo podía creerlo... hasta que estuve acomodada en mi amplio asientito de business (lujo que pagaré en dos largos años de cuotas con la tarjeta)
Entonces me pregunté: ¿por qué no pensar que todo puede salir bien? ¿por qué no pensar que podemos construir un país mejor? Un país donde los medios de transporte cumplan en tiempo y forma con lo pactado. ¿Por qué nos sigue asombrando en Argentina que algo salga perfecto? Tendríamos que dejar nuestra alma doliente tanguera y aprender a esperar que las cosas resulten según lo previsto, como en cualquier otro país "normal".
Bajé en Ezeiza con aires de suficiencia y estrenando un optimismo atípico en mí. El vuelo había sido perfecto y llegábamos en tiempo y forma.
Hice migraciones y todos los trámites necesarios, visité sin prisa el Free Shop, paseé tanto como pude y en lugar de irme a la sala VIP donde me alimentarían gratuitamente (errores de principiante), cené en uno de esos abusivos lugares VIP de Ezeiza, en los cuales un sandwich y un agua mineral podía llegar a los 300 pesos!!! (Azorada, una turista japonesa delante de mí preguntaba si había entendido bien o si realmente le querían cobrar 3 dólares por una cajita de 200 cc. de juguito Baggio!!)
Cuando al fin llegó el momento del embarque, feliz me instalé primera en la fila de Sky Priority, aprovechando las ventajas de estar en una clase superior.
Entonces comenzaron a pasar los minutos, y éstos se transformaron en una hora, hasta que por altavoces anunciaron que el vuelo estaba demorado porque se veían obligados a controlar unas válvulas antes de la partida.
¿¿¿Justo en ese momento tenían que hacer controles???
Sentí que estrepitosamente caía de la nube de idealismo en que había remontado unas horas antes.
Aerolíneas Argentinas seguía siendo Aerolíneas Argentinas y la puntualidad definitivamente no era uno de los fuertes de la empresa, ni de mi país.
No me senté para no perder mi privilegiado lugar y ahí quedé con el resto de los pasajeros, paraditos cual soldaditos de plomo esperando que se abrieran las puertas del túnel rumbo a la aeronave.
Hora y media más tarde (unos minutos después de la 1 de la mañana) comenzó el embarque.
Puse otra vez en ON mi optimismo y avancé hacia el avión.
Nos recibieron amablemente y recuperé mi fe en la industria argentina.
¡¡¡Los asientos de business eran la gloria!!! Después de haber viajado toda la vida como sardina en lata, éstos se presentaban como sillones acolchados y cómodos en los que podía verme durmiendo como oso todo el trayecto!!
Nos entregaron un neceser con distintos implementos para el viaje y tomé las medias de toalla. Me quité las zapatillas y envolví mis pies en estas medias suavecitas pensando ya en el noni que iba a hacer!! Y cuando ya me acomodaba para comenzar a vivir el más placentero de los viajes, la voz del capitán en los altavoces interrumpió mis bellos pensamientos con una "invitación" a descender de la aeronave con el equipaje de mano, debido a que tenían que continuar controlando las dichosas válvulas, lo que también incluiría el equipaje despachado... vaciarían la bodega!!!!!!!!!!!
Con toda la rabia del mundo volví a calzarme, bajé mi equipaje de mano y atravesé la manga echando espuma por la boca.
Ahí se me cayó toda la estantería... país bananero!! Nunca podremos estar a la altura de ningún otro país ni aerolínea, qué informales somos, nunca vamos a cambiar!!!!!!
Con furia me senté a esperar, mientras oía a unos pasajeros españoles decir que demoraban porque estaban reventando las válvulas que quedaban sanas. Me daba mucha bronca esa apreciación, pero no podía sino coincidir en que probablemente fuera verdad, siendo archiconocidos los problemas de mantenimiento de nuestros aviones.
Dos horas y media después, subíamos nuevamente a la máquina. Y en medio de una baranda a kerosene (desconozco por qué), partimos.
Como siempre digo, hay un mundo mejor pero es carísimo!! Apenas comencé a disfrutar las maravillas de la clase business se me olvidó el enojo, la espera y la tardanza... comí como un lechón, dormí como un lirón y llegué a destino con casi tres horas de retraso pero fresquita como lechuga y lista para la aventura!!!!!

viernes, 2 de diciembre de 2016

Viaje sin destino



Grecia siempre fue uno de los sueños de mi vida. Todos esos sitios históricos, esas playas soñadas, las islas coloridas... y por alguna u otra razón el viaje siempre se pinchaba. Fechas, vuelos o cuestiones laborales impedían que ese sueño largamente postergado se hiciera realidad.
Finalmente fijé fecha para octubre. Era fuera de temporada y, con suerte, con un calor tolerable en esos sitios de veranos infernales.
Contraté un vuelo a Roma con conexión a Atenas y conseguí mis vacaciones en esa fecha. Mi sueño al fin iba a concretarse!!!
Tuve un traslado perfecto hacia Ezeiza. Llegué con suficiente tiempo como para quedar tercera en la hilera para hacer el check in y despachar mi equipaje.
Pensaba en el tiempo del que dispondría, suficiente como para desayunar tranquila (a punta de pistola, porque ya sabemos cómo son los precios en el aeropuerto; pero desayunar al fin) y luego recorrer con calma el free shop, para hacer algunas compritas propias y cumplir con encargos ajenos.
Llegué al mostrador con una sonrisa entre los labios. Todo iba de maravillas y estaba encaminado. Mas mi sonrisa se apagó cuando escuché: "Hay un problema con su vuelo"... CHAN!!! Realmente no lo esperaba.
Así, con la mejor sonrisa de empleada educada, la señorita en cuestión me explicó que había un paro de controladores aéreos en todos los aeropuertos de Grecia, por lo cual ellos no podían realizar la conexión a Atenas y aquel vuelo terminaría en Roma.
No podía dar crédito a lo que escuchaba!!!!!!... ¿qué hacer entonces?
Con mucha amabilidad me dijo que podía consultar a mi agencia de viajes y decidir qué hacer. Que regresara cuando tuviera una decisión tomada.
No podía articular palabra. Sólo miré con pesar la larga cola que había detrás de mí y no hicieron falta las palabras. Ella agregó: "cuando tenga la respuesta, sólo me avisa y pasa sin hacer fila".
Tomé el celular y estaba tan nerviosa que tuve que marcar tres veces hasta conseguir llamar a la agencia.
Pobre mi agente!!... como sabrán a través de este blog, yo suelo atraer los problemas y con alegría me había despedido de él el día anterior deseando no tener que molestarlo más. Y ahí estaba, sólo a horas de mi expresión de deseos, gritando como poseída al teléfono.
Me pidió un tiempo para hablar al mayorista, ver cómo venía la mano y colgué a la espera.
Entonces comencé a hablar con las personas que estaban en mi misma situación.
Había dos matrimonios mayores y una pareja de jovencitos.
La parejita joven parecía no acusar recibo de lo que estaba pasando. Iban a Roma y que el destino decidiera por ellos (Cómo quisiera nacer de nuevo y ser así!!!)
El matrimonio de mediana edad estaba al borde de un ataque de nervios. Él, a los gritos con la pobre empleada de la aerolínea; ella con el celular permanentemente al oído, gesticulando alocada.
Cuando les pregunté acerca de la decisión que tomarían, ella confirmó que cancelarían todo lo vinculado a Grecia y como tenían un hijo en Israel, cambiarían el pasaje por una conexión a Tel Aviv.
En ese momento deseé tener la posibilidad de hacer algo semejante.
El otro matrimonio mayor aún buscaba en el celular un número al cual llamar y, dadas las condiciones de desconocimiento tecnológico y falta de crédito, terminaron por no llamar a nadie y viajar hasta Roma, sin saber qué harían al llegar.
Con esas tres opciones en danza llegó mi llamado. La duración del paro era incierta, pero lo recomendable era viajar a Roma para estar al menos a dos horas de Atenas en caso de una solución.
Claro que ahí se abría un abanico de posibilidades: contratar un hotel en Roma, tratar de llegar por vía terrestre a Atenas (algo así como dos días de viaje), contratar otro tour en Italia (y pagar nuevamente, ya que la empresa que había elegido sólo hacía excursiones en Grecia) o bien ser la versión femenina de Tom Hanks en La terminal y quedarme a vivir en el aeropuerto hasta tanto todo se resolviera.
Despaché el equipaje hasta Roma y comencé a correr.
Había perdido demasiado tiempo y ahora todo estaba más pesado: controles, migraciones, colas eternas!!
Descarté el deseado desayuno y fui al free shop.
Empecé a arrojar cosas dentro del canasto, todo en un apuro sin fin, cuando recibo otro llamado de mi agencia respondiendo acerca de otra de las opciones que se me había ocurrido: había un vuelo a Bari (sur de Italia) y de ahí podía tomar un ferry para en 16 (sí, DIECISÉIS) horas llegar a Patras y de ahí aún restaban 120 km. a Atenas!!!!!!!! Era una locura, pero no dejaba de ser una opción.
Sin respuesta y con muchos nervios abordé el avión en horario.
Terminé sentada al lado del matrimonio de mediana edad que había cancelado su tour griego.
Ella, muy decepcionada, decía que el sueño de su vida era conocer las islas griegas (cuánto la comprendía!!!) y él un pesimista sin remedio.
A cada opción que yo tiraba, él se encargaba de quemarla: que el paro no se levantaría, que no podría tomar el ferry, que la agencia no me solucionaría nada, que no me devolverían mi dinero... en un momento temí que en un ataque de emoción violenta le clavara el cuchillo de plástico de la cena en un ojo!!!!!!!
Después de un bonito vuelo llegamos a Roma y al toque encendí mi celular y me conecté al wi fi. 
Tenía varios mensajes de mi agencia... habían levantado el paro!!!!!!!!!!!!!!!!!
Me dieron ganas de encontrar al pesimista del avión para enrostrarle que había tomado la decisión correcta, pero había algo más importante que hacer... CORRER!!!!!!!!
Tenía menos de dos horas para recoger mi equipaje, pasar por la aduana, hacer migraciones (porque había dejado de ser una pasajera en tránsito), trasladarme a otra terminal (a pata y con las dos valijas, porque el trencito sólo corría para pasajeros en tránsito), hacer el check in del otro vuelo, despachar el equipaje, hacer migraciones nuevamente y encontrar la puerta para embarcar!!!!!!!!!!!
Llegué con la lengua afuera y haciéndome pis, pero lo logré. Hasta tuve unos 5 minutos para comer un sandwichito y hacer sociales con la pareja mayor, que felices esperaban su vuelo a Atenas.
Allí comenzaba mi entrenamiento, preparando las piernas para todos los escalones, subidas y bajadas pronunciadas de la complicada geografía griega.
Y así comenzaba ese sueño largamente postergado... y vaya si valió la pena!!!!!!!!!!!

martes, 8 de noviembre de 2016

Una cuestión de peso



Estoy totalmente de acuerdo con los controles de seguridad en los aeropuertos, pero a veces se pasan un poquito de la raya!!
Así, por ejemplo, en el aeropuerto Heathrow  de Londres, me sentí la peor de las delincuentes cuando el detector de metales comenzó a sonar. Todos empezaron a mirarme como si estuviera portando un facón en los calzones. Me hicieron descalzar, me revisaron manualmente, una mujer de seguridad aeroportuaria me palpó completa con los brazos en alto, cuando resultó que el arma que llevaba oculta y delataba el aparato no era ni más ni menos que el ganchito de mi sostén!!!
En este último viaje también al pasar mi bolso de mano detectaron algo sumamente peligroso. Me obligaron a abrirlo y sacar una por una las mil cosas que suele haber en un bolso de mujer.
En eso, apareció una galleta de nuez, que tenía envuelta en el papel de la panadería tal como me la vendieron, y guardaba para desayunar en algún momento. 
El oficial de turno comenzó a amasarla y olerla. En un momento le dije en correcto inglés que la tirara, que no me importaba y volvió a depositarla en el bolso.
Finalmente lo amenazante era el estuche de mis anteojos, que tenía los bordes metálicos.
¿Hay necesidad de tanto? Por otro lado no revisaron ni un bolsillo, donde yo podía tener cualquier cosa y pasaba por alto!!
Pero sin duda alguna el momento más espantoso que pasé en temas de seguridad aeroportuaria y cumplimiento de normas de transporte aéreo, fue en mi viaje Atenas/Roma.
Me habían adelantado que eran muy severos con el peso del equipaje de mano. 
Yo iba con mi valijita reglamentaria, sólo que en lugar de tener los 8 kgs. permitidos, llevaba casi 12!!
El consejo del personal de la agencia que me recibió fue que procurara la cintita de aprobación del equipaje de mano, que luego de eso no me joderían. Así que ése fue mi primer objetivo.
Llegué a despachar el equipaje y sonreí cuando mi valija grande pesó 22,800 kgs., 200 gramos debajo de lo permitido!! 
Entonces, haciéndome la ingenuota, toqué unas etiquetas que había sobre el mostrador y pregunté si acaso eran para el equipaje de mano. La empleada me respondió que no, que ella las tenía; y acto seguido consultó si yo llevaría algo en cabina. 
Respondí que sí y le mostré a la "pequeña", que me hizo depositar sobre la balanza.
"Listo, estoy frita", pensé. El peso arrojado fue de 11,450 kgs., pero la señorita nada dijo y prendió la etiqueta de mi equipaje, por lo que me sentí segura y me dije "ya está".
Lo que yo no sospechaba es que, mientras estaba haciendo la cola para abordar, aparecería un tipo rudo, como integrante de la Gestapo salido de una película nazi, que comenzó a caminar, con las manos atrás, en postura bien vigilante, revisando cada uno de los bártulos que cargábamos los pobres infelices viajeros.
A los gritos mandaba al azar lo que le parecía excedido hacia el mostrador de la puerta de salida.
Y allí estaba el aparatito infernal: una especie de freezer enano, con luces en su interior, adentro del cual había que depositar el equipaje de mano y si sonaba por exceso, no había lola: había que despachar la valija con el resto del equipaje, que por supuesto facturarían.
Creo que debí hacer eso, pagar y quedarme tranquila, pero por el contrario comencé a sentir la presión del que está "fuera de la ley".
Pasó a mi lado, yo azul de contener la respiración, y miró la etiqueta autorizando mi equipaje como "de mano" y siguió de largo.
Me sentí una triunfadora por haber burlado el sistema. Ya podía abordar en paz.
Pero en eso, el Sr. Gestapo comenzó a fijarse en otra cosa: aquéllos que tenían más de un bolso de mano. Y yo tenía una cartera... bueno, no era una cartera, era otro bolso, con la cámara entre otras cosas... que debe haber pesado unos 5 kgs!!!!
Ahí me broté y otra vez me invadió la sensación de estar delinquiendo.
Entonces, vestida completa de negro, camuflé la correa negra de este bolso y tiré la parte grande hacia atrás, sobre mi trasero. Así, cada vez que este señor hacía su recorrido yo me ponía de costado mirándolo, apoyada sobre la manijita de mi valija permitida. Y cuando pasaba del otro lado, yo me daba vuelta.
Después de haber enviado a mucha gente a facturar equipaje, se retiró y pude respirar. Mas apenas comenzó el abordaje, regresó y se instaló de pie entre los dos lectores de las tarjetas de embarque.
Me coloqué en la cola de la izquierda, para poder seguir escondiendo mi bolso de ese lado y cuando sólo quedaban dos personas delante de mí, el scanner comenzó a fallar, lo que obligó a Mr. Gestapo a instalarse en mi lector!!!!
Creo que transpiraba miedo... falló el primero, falló el segundo... y cuando me tocaba el turno, reiniciaron el aparato y comenzó a funcionar nuevamente.
Apenas escanearon mi tarjeta arrastré mi valija con rueditas tan rápido por la manga, que parecía levantar vuelo!!!!
Entonces me asaltó una duda: si acaso no habría otro Mr. Gestapo en la puerta del avión. El corazón me dio un vuelco.
Afortunadamente me esperaban dos azafatas sonrientes y con un "Kalimera" terminó el horror.
Recién pude respirar con la valijita guardada y el bolso debajo de mis piernas.

domingo, 23 de octubre de 2016

Delfos y Meteora: toda una aventura!!



Cuando originalmente planeé mi viaje a Grecia, sólo pensé en la historia de Atenas y en conocer alguna de sus paradisíacas islas. Mas una persona que ya había viajado me dijo: ¿cómo vas a ir a Grecia y no conocer Delfos y Meteora? La verdad es que tenía idea de la historia de Delfos, pero ni en sueños había oído hablar de Meteora, así que lo googleé y quedé fascinada por ese paisaje casi irreal, con sus antiguos monasterios flotando entre las nubes, como una prolongación de las montañas.
Encontré una extensión de dos días de mi tour y lo contraté.
Hasta el momento había tenido días lindos y días excelentes, sol a pleno!! por lo que pensaba que Grecia era el lugar menos lluvioso del planeta, o bien no estaba en temporadas de lluvia, hasta que amaneció esa mañana.
La densidad de las nubes iba aumentando a medida que nos acercábamos a las montañas. Entonces la guía lanzó la frase mortal de que allí siempre llovía, que era el lugar más fértil de Grecia. De hecho me llamó mucho la atención cómo iba cambiando ese paisaje árido por bosques y zonas cultivadas.
En realidad debería partir desde el principio para relatar completo mi "padecimiento".
Partimos de mi hotel puntualmente a las 8 y subí a un bus que iba con unas 20 personas, por lo que elegí un cómodo asiento sola, sin nadie delante ni atrás, para así poder ubicar bien mi metro de piernas sin molestias. Hasta pude elegir la ventanilla, despejada de barritas divisorias que molesten a la hora de hacer fotos (pobre ingenua!!)
Partimos, buscamos unas personas más, hasta que nos detuvimos en la Terminal. Y allí sobrevino la pesadilla: nombraron a unas seis personas que tendríamos que mudar de bus. Cuando bajé un pensamiento se me escapó en voz alta: "ahora nos van a amontonar en otro bus".
La guía me oyó y dijo alegremente: "No, van a ir a un bus más grande".
Genial!!... entramos al bus más grande, lleno hasta los portaequipajes!!
Afortunadamente encontré un asiento doble y me acomodé: sola. Subieron más personas pero sólo quedaron dos asientos libres, uno era el mío.
Viajé así hasta Delfos, disfrutando de mi propia compañía. Y entonces la turra guía de turno anunció que pasada la visita de Delfos, dejaríamos a 18 pasajeros y subirían 19, por lo que quedaría un solo lugar libre y no sería el mío, ya que querían que el último del medio que daba al pasillo quedara sin ocupar.
Eso ya me puso de mal humor. Y la visita a Delfos agrió más mi humor resentido. En la parada previa ya nos pidieron que lleváramos paraguas porque se esperaban lluvias fuertes.
Cada viaje a Europa tengo que comprar un paraguas. Con éste voy por el tercero!! y si lo traigo en el equipaje, seguro que es para cargar peso porque no llueve. Qué bronca!! Un paraguas más!! pero lo importante era que no lloviera.
Comenzamos el recorrido por el santuario de Delfos con nubes gordas pero  sin que caiga una gota. La guía nos prohibió hacer fotos para dar explicaciones y postergarlo para la bajada... gil!!!! a la bajada llovía tanto que era casi imposible tomar fotos!! Encima, recién a la noche advertiría que mi cámara estaba en modo “foto de paisaje nocturno” por las fotos que había tomado la noche anterior, por lo que todo salió opaco y más deslucido aún!!
Para cuando nos dio tiempo libre, comenzó a caer agua.
Nos indicó que era maravilloso subir hasta el estadio, en lo alto del santuario. En lo MUY ALTO!!!
Si la subida ya era dificultosa, imaginen con agua!!... tratando de no mojar la cámara, con el paraguas chorreando, mirando dónde poner los pies para no resbalar con esas piedritas tan traicioneras… fue un calvario!!
Encima sin saber si podríamos ver o no el dichoso estadio, ya que en  días de lluvia cerraban el camino para evitar accidentes!!
Creo que si hubiera hecho semejante esfuerzo para llegar y encontrar el camino cerrado, me hubiera convertido en Michael Douglas en “Día de furia”, aniquilando griegos!!
Pero no, afortunadamente el camino estuvo abierto y pude tomar fotos de todo, excepto de mi cara, que era una explosión roja de sofocación, cansancio y rabia, con el pelo chorreando pero no por el agua de lluvia,  sino de transpiración!!!
Inicié el descenso con mucho cuidado, ya que era más peligroso que el ascenso, pero apuré el paso para el museo, donde nos esperaría la guía.
Éramos varios, todos los que habíamos subido hasta el estadio, porque había sido imposible cumplir el horario previsto sin tortearse contra el piso de un resbalón.
No encontrábamos a la guía.
Decidimos entrar por nuestra cuenta al museo y allí estaba. Ya había comenzado las explicaciones.
Todo muy interesante, pero era tal la cantidad de gente (empezando por  los más de 60 que éramos nosotros) más lo transpirada y chorreada que estaba, que no pude disfrutarlo como hubiera debido.
Salimos y nuevamente al bus hasta una taberna donde almorzamos.
Post almuerzo vino el recambio de pasajeros y ahí sí me tocó compañía: una rubia con cara de orto que vio de mala gana compartir el asiento conmigo.
Me hice todo lo chiquita que pude. Es más, viajé contracturada para no molestar, pero los asientos eran estrechos y todavía ahora no sé qué posición de yogui adopté para que mis piernas entraran en ese diminuto lugar.
De ahí en más, lluvia, niebla y curvas y más curvas.  
Y yo, pobre tonta,  que pensaba tomar fotos!!! Sólo hubiera podido capturar gotitas de agua en los vidrios empañados.
Último asiento, mareada a más no poder, enrollada para poder entrar... rememoré mi infancia cuando me descomponía el transporte terrestre.
Sólo rogaba no tener que vomitar porque ahí sí que sería el súmmum!!!
Llegamos al hotel después de las 8 de la noche. Viaje largo y tedioso.
Conocí a unas españolas macanudísimas que me invitaron a recorrer un poco el centro después de cena, pero era tal el cansancio que sólo podía pensar en una ducha caliente y dormir.
Guindita en la torta: el wi fi no llegaba a las habitaciones, así que envié un par de mensajes desde el lobby y me retiré a cuarteles de invierno.
Fue una noche tormentosa, con rayos, truenos y centellas, más la lluvia que caía a baldes!!! Sólo pensaba que si seguía así el tiempo, que los demás subieran a los monasterios de Meteora, que yo no arriesgaría nuevamente mi integridad física en escaleras mojadas ni me empaparía más!!
Nos despertarían a las 7, pero desconfiada como soy igualmente puse la alarma de mi celular.
Fue premonitorio!!!!! porque a eso de las 6 me desperté para ir al baño, intenté encender la luz y nada... habían cortado la electricidad!!!!
Me acosté nuevamente y a las 7 menos mal que sonó mi celular porque los teléfonos tampoco funcionaban.
Gracias a que esta vieja chota siempre lleva una linternita en la cartera pude a tientas y con poquita luz lavarme los dientes, peinarme y vestirme, para bajar a desayunar por las oscuras escaleras.
Sé que están pensando... ¿luces de emergencia? Nooooo, no había!!! Ni luces, ni lámparas, ni velas!!!!
Así llegamos a desayunar, todos iluminando con los celulares.
Habían preparado una jarra con un litro de café... éramos dos grupos de más de 50 personas cada uno!!!! Ofrecían café frío... ni loca!!
Así que con cafecito tibión en la panza y todos peinados al estilo oscuridad, llegamos al lobby a esperar que amaneciera. Cuando fue aclarando, volvió la luz.
Por fortuna no llovió durante el paseo y pude subir todas las escaleras mojadas con cuidado pero sin mayores riesgos.
En fin, los monasterios de Meteora fue uno de los lugares más alucinantes que conocí en mi vida!!!!! Así que a pesar de los contratiempos, la lluvia y los buses torturadores, puedo afirmar que valió la pena.

lunes, 17 de octubre de 2016

Accidentada llegada a Rodas


Quienes me conocen saben que si hay un medio de transporte que detesto es el marítimo. Odio los barcos, no me gustan, mi cuerpo no los puede resistir!! Enterarme con el viaje comprado que tenía un tramo largo en ferry, con camarote incluido no fue agradable, pero después de todo, éste sería mi largamente proyectado viaje a Grecia y todo estaba permitido para cumplir mi sueño.
El ferry partiría desde Santorini a las 0:50, lo que ya era un fastidio considerando que tendría que estar haciendo huevo hasta las 23:30, hora en que el transfer pasaría por mí en el hotel.
Subí  fotos a Facebook, chateé con algunas amigas y a las 23 bajé solita mis dos pesadas valijas por escaleras (cómo gustan de los escalones los griegos!!!) para llegar a un lobby vacío y sin gente a la vista.
Evidentemente no tenían atención nocturna, ya que el lobby directamente estaba cerrado con llave, sin timbre ni campanilla alguna para llamar al encargado; así que dejé mi llave en una mesita que encontré y, a falta de lugar donde sentarme salí a esperar en el jardincito delantero, donde pude depositarme en un sillón húmedo por el rocío de la noche, mientras me congelaba a la intemperie media hora más.
Debo confesar que no sé cómo llegué con vida al puerto, en esa oscuridad tan negra y a la velocidad que íbamos en medio de una ruta peligrosa, plagada de curvas cerradas, que –como si  nada- la chofer tomaba por el medio!!!!
Por suerte me reencontré con un matrimonio australiano al que había conocido en Mykonos y juntos nos sentamos a conversar mientras tomábamos un café. La espera fue realmente larga y finalmente llegó el ferry con una hora de atraso!!!!
Hecha una bolsa de nervios tomé mi Dramamine antes del embarco.
El viaje fue un pequeño infierno, mi cabeza daba vueltas y no pude dormir más que una escasa horita entre las 6:30 y las 7:30, después de vestirme completa por pensar que habíamos llegado y sólo se trataba de una parada intermedia.
Maldormida y de muy mal humor, con la cabeza agitándose al ritmo de las olas, llegué a Rodas.
Mi primera impresión fue mala, como me había ocurrido con las otras islas griegas antes de recorrerlas.
Mi  chofer estaba paradito portando mi nombre en un cartelito, pero no apareció asistente alguna para brindarme información. Y era absurdo pedir información al pobre hombre, que ni siquiera sabía decir hola en inglés.
La primera impresión del hotel fue grata. Lo había visto previamente por internet y me había parecido una cueva, pero la habitación era amplia y confortable, con un enorme ventanal y un balcón que daban a una hermosa piscina.
Pensé que la asistente me esperaría en el hotel, pero tampoco estaba ni había dejado mensaje alguno para mí.
Busqué entre mis papeles el teléfono de la agencia para enviar un whatsapp. Entonces fue advertida de que no había wi fi libre en las habitaciones, sólo en el lobby. De paso, también me informaron que las habitaciones no tenían caja de seguridad; que si quería depositar mis valores debería pagar un extra y hacerlo en concerjería!!!!!
Bajé e inútilmente traté de conectarme. La red era abierta pero luego pedía una autenticación que mi  celular no permitía hacer. Entre dos empleadas intentaron ayudarme y no lograron nada, recomendando que regresara a las 15 cuando entraría en su turno un empleado más tecnológico.
Mi humor comenzaba a agriarse.
Entonces decidí tomar una siesta. Después de todo no había dormido en toda la noche.
El sol ya pegaba en mi ventana y el calor era agobiante. Intenté encender el aire acondicionado sin lograrlo. Como justo estaban en el pasillo las mucamas, llamé a una y le indiqué mi problema. Sólo me dijo de mal talante que llamara a recepción.
Como el control remoto del televisor tampoco funcionaba, llamé por las dos cosas. Alegremente me informaron que el aire acondicionado central no funcionaba y que tratarían de conseguirme un ventilador.
¿Ustedes lo vieron? Porque yo no!!!!
Tanto toquetear logré al fin encender el televisor. Todos canales en griego. Unos 7 en total. Seis se veían mal y uno se veía peor.
Muuuuuy caliente, bajé nuevamente a recepción, pedí un mapa de la ciudad y decidí caminar buscando un restaurante con wi fi libre y algo de agua mineral (ah, porque aquí el agua no es potable)
En el camino, traté de cruzar una calle teniendo el semáforo de peatones en verde, cuando una camioneta que ya estaba estacionada sobre la senda peatonal arrancó de repente y alcancé a frenarla de un grito y un manotazo.
Me puteó en griego. No hubo forma de hacerle entender que el hombrecito seguía en verde habilitándome a cruzar y terminé puteándolo en argentino.
Después me consoló ver que, al igual que los italianos, todos se puteaban en las calles, entre conductores, conductores y peatones, peatones entre ellos.
Llegué a un restaurante italiano y entré. Eran las 12 del mediodía. Tenían wi fi libre y se solucionarían todos mis problemas: mi hambre, mi incomunicación y el contacto con los imbéciles de la agencia griega.
Pero nada más distante de la realidad. Iba a sentarme en una mesa cuando un tipo de mal modo (parece ser una característica de los nativos de aquí) me dijo que aún no estaban listos. ¿Las 12 y no estaban listos para el almuerzo?
Seguí caminando y entré a otro restaurante. También alegremente me informaron que abrían a la 1. Aclaro que todo esto a puertas abiertas y con el menú en un atril en la entrada. Si no están atendiendo, ¿por qué no cierran las putas puertas???
Con mi estado “olla presión en ebullición” entré a un supermercado y compré agua y algunas galletitas. La cajera fue la primera persona amable que encontré. Tal es así que me dieron ganas de abrazarla y llorar de la emoción!!
Volví con mi compra al hotel, para pedir las toallas de piscina en recepción y al menos refrescarme en la pileta (ya que acá nunca son climatizadas) y allí me informan que no entregaban toallas… a secarse al sol!!
No sé si primeras impresiones son las que cuentan o no, pero hoy es un día tan negro que no voy a intentar siquiera poner nuevamente un pie en la calle hasta mañana.
Esperaré al genio de la computación y tal vez use la piscina… no sé si será conveniente hacerlo precisamente hoy!!!

¿Martes 13?... no, lunes 17.