jueves, 5 de abril de 2018

Resorteando



Todo amante de la playa sueña con un buen resort all inclusive. En mi caso, playa, arena, sol, viento y resort sólo pueden combinarse para crear un verdadero infierno en la tierra!!!
Todos los hoteles son diferentes, pero una vez que conociste un resort, los demás son sólo variantes de la misma estructura con un solo objetivo en común: atrapar al turista y no soltarlo, que no encuentre una sola razón para salir de ese cautiverio!!
Para lograrlo, cuentan con una gran extensión de terreno donde concentran una mini ciudad, a saber: monoblocks de departamentos de colores pastel finamente decorados, mucha palmera, césped y flores, playa privada, varios bares y restaurantes, piscinas interminables, discoteques, teatros y un batallón de personas preparadas para satisfacer el menor capricho de los huéspedes (preparadas, lo que no siempre quiere decir que lo hagan!!)
La idea original de estos espacios creo que se la deben a Ricardo Montalbán y al fiel enano Tatoo, quienes en la serie "La isla de la fantasía" se encargaban de endulzar a los ingenuos televidentes setentosos con la idea de una isla paradisíaca donde todos los deseos podían hacerse realidad. Y tal era nuestra fascinación con ese mundo inexistente en aquellos años, que ni siquiera llegábamos a notar que no se trataba más que de una horrenda escenografía en la cual ni siquiera las palmeras eran reales y en ocasiones el césped se levantaba del suelo para dejar ver debajo el piso de cemento.
Así, recrean esa fantasía, de estar en un paraíso irreal en el que todo es bello y perfecto... aunque diste de serlo!!
Voy a dejar al margen de este comentario a los resorts de Venezuela y Cuba porque -si es que alguna vez han leído otros posts al respecto- ya sabrán lo que opino del Caribe, de los caribeños y de los problemas coyunturales que existen en ambos países, para dedicarme de lleno al último que visité, en Praia Do Forte, Brasil.
Para comenzar, te entregan el mapa, algo de vital importancia y poca utilidad, ya que generalmente están alterados los puntos cardinales, o los dibujos son confusos, lo que puede hacer que termines en el resort vecino arrestado por intrusión.
En realidad te arrestan de entrada, cuando te colocan la pulserita, que -si bien no es electrónica como la  de los presos- tendrás que cargar el resto de tu estadía. Así, todo el mundo llevará la marca de agua (la raya pálida de la pulserita en un brazo tostado por el sol), lo que te da el status de "resortero".
Volviendo a Praia Do Forte, el esquema del resort era prácticamente igual a todos. Partiendo de que el clima es tropical y que quedan muy "onda Casablanca" los ventiladores de techo en destinos exóticos, evitan acondicionadores de aire en lobbies y buffets, creando espacios abiertos, sin puertas ni ventanas. Todo muy pintoresco... pero con una temperatura ambiente que supera la del aire libre al rayo del sol!!!
Así, cuando entrabas al buffet, te preguntabas si acaso te habías equivocado y estabas en el sauna, o si los hornos de la cocina estaban ubicados dentro del salón, porque la temperatura era infernal!!!, sin que sirvieran de mucho las decenas de ventiladores que iban a una velocidad equivalente a 2 km/h. Eso sí, al menos lograban que -estuviera tu mesa a la distancia que fuera- la comida se mantuviera caliente por más tiempo.
Encontrar tu habitación es sólo para aquellos que hayan sobrevivido al laberinto de Los Cocos (de noche y con los ojos cerrados) y hayan tenido como literatura de cabecera Buscando a Wally.
Cuando al fin ubicás el conjunto edilicio, hay que encontrar la habitación!! Los carteles suelen ser confusos y así hay que subir y bajar escaleras y recorrer largos pasillos hasta dar con el numerito indicado. Sí, todo a pata, porque sumado a la economía de acondicionadores de aire está la economía en ascensores. Trópico, paraíso, fantasía es incompatible con ascensores!!
Finalmente a recorrer los grandes parques. Aquí viene "la perdida mayor". En principio es conveniente seguir siempre el mismo caminito hasta que después de unos días puedas diferenciar el bloque 4 del 5 o del 6 y así encontrar el destino buscado.
Las piscinas son simplemente espectaculares, pero calientes!!!!!! ¿Por qué calefaccionar piletas en un sitio donde el sol puede llegar incluso a hacerte hervir los sesos? Inconcebible, pero así es.
Como todo resort, ofrecerá un servicio de recambio de toallas, que por alguna extraña razón siempre cierra después que las piscinas. Así, por ejemplo, en el resort brasileño (al igual que en aquéllos que antes visité), la piscina permanecía abierta hasta las 19 hs., en tanto el kiosquito de toallas cerraba a las 18!!! No me pregunten la razón. Si alguien la conoce, por favor me avisa.
Varias piscinas para elegir porque cada uno sabrá cuál evitar.
En mi caso había optado por "la de los tranquilos", lejos de la infantil, poblada de gente grande que sólo quería boyar en el agua sin patalear, nadar ni tirarse y lo principal: sin animadores!!!
Porque si me aguarda algún sitio en el infierno, seguramente estará atendido por animadores de resorts. Estos especímenes son personas hiperkinéticas, generalmente de más de la mitad de tu edad, dedicados a entretener (o molestar, como quiera leerse) a los huéspedes.
Así, 24 horas al día gritan, micrófono en mano, organizando juegos, partidos de voley, fútbol, tenis, pato o tiro al pichón, clases de gimnasia, de baile, de corte y confección... así todo el tiempo, todos los días!!!
Y como si fuera poco, a la noche ellos mismos protagonizan los shows del teatro, a mi criterio, de dudosa calidad. Si hay algo que detesto cuando voy a ver un espectáculo es que el show tenga que hacerlo el público. Los "shows participativos"... engaña pichangas para que el que labure seas vos!!!
En verdad me compadezco de los animadores, y casi puedo imaginar a esos pobres despojos de seres humanos cayendo desmayados por la noche, para arrancar a las 7 AM otra vez con toda esa hiperactividad!!
A los que toca la peor parte en los resorts es a los niños. Ellos no sólo arrancan temprano como sus papitos, que quieren hacer en 7 días lo que no hicieron en 1 año, sino que suelen ser endosados cual paquetitos a los miembros del equipo de entretenimiento. 
Algunos van contentos, otros a regañadientes se separan de sus padres para unirse a una vorágine de actividades de la mañana a la noche, que hacen que los pobres críos terminen cayendo rendidos a la cama sin chillar.
Para los que hablan un idioma diferente al de "las ardillitas" de los animadores, es una verdadera tortura, porque todas las canciones, juegos y órdenes son en el idioma nativo.
Y después de jugar en la pileta, en la playa, cantar y arrastrar sus piececitos por todo el complejo durante toooodo el día, por la noche marchan en procesión hacia la discoteca, donde lo que quede de esas pobres almitas se sacudirá un rato (si es que puede) al ritmo de música a todo volumen. Con suerte, en compañía de sus papitos, que si tienen hijos bebés, estacionarán los cochecitos en la puerta mientras esperan que los mayorcitos terminen de caer rendidos.
Otra de las formas de economía que todos los resorts tienen en común es la iluminación. 
Así como durante el día no vacilan en ostentar todo lo que ofrecen, por las noches se limitan a colocar unas luces pequeñas y paliduchas cada 3 o 4 metros en los caminos, de modo que si perderte era fácil con el sol en alto, de noche directamente podés llegar a desaparecer!!
La oscuridad se acentuaba en la zona de las piscinas, abiertas hasta las 19 hs. en un lugar que anochece a las 18. Allí había que echar mano a un bastoncito blanco para no meter la pata en la pileta o en un cantero y perder el equilibrio y algo más.
Esta nonna se manejaba con la linternita del celular. A ustedes les causará gracia, pero sinceramente no tenía ganas de terminar mis vacaciones con una pata enyesada!!
Y más allá de las actividades, el mar y las piscinas, comer y chupar... ¿qué más se puede hacer cuando no hay nada más en 10 km a la redonda?
En mi caso prefería elegir mi comida, nada raro, cosas de forma y color conocidos. Pero en todo all inclusive también existen los restaurantes temáticos a los que no se puede dejar de asistir. 
La regla es el buffet, pero según las noches de estadía hay derecho a cenar en restaurantes temáticos. En este hotel había tres: uno bahiano, uno gourmet y otro oriental.
Ahí entonces es hora de colocarse las galas (olvidadas tras días de vestir zaparrastrosamente en la playa y las piscinas) y asistir a un restaurante en el que se puede elegir a la carta y levantarse sin pagar.
Es el momento en que todos nos hacemos los "finolis" y ni siquiera sabemos cuál de los tres tenedores usar!!
En mi caso sólo asistí al bahiano y al gourmet desperdiciando una de las noches disponibles, ya que soy de comidas básicas (por no decir "soy jodida con las comidas") y sabía que lo raro no me iba a gustar.
La primera de las noches en el bahiano realmente no sabía qué elegir, porque era una combinación de todo aquello que detesto: pescado, mariscos  y cosas agridulces. De todos modos probé la famosa moqueca y me pareció excelente.
Al segundo día el gourmet me lo puso más difícil. Especialmente cuando pedí cerveza para tomar y me miraron como si hubiera querido hacerme un harakiri en medio del restaurante!!! Después de sortear posibilidades, terminé optando por un faisán crocante y el lomo a la nosequé con una especie de lemon pie redondito de postre. También salí airosa de la experiencia.
De más está decir que renuncié a la comida oriental. Ya había tenido oportunidad de hacerlo en Cayo Largo y sólo salí muerta de hambre y con olor a humo en la ropa por la fritanga.
Así, esta resortera terminó su estadía harta de no hacer nada a la vez que cansada de actividades sin sentido, flechada por el sol, rodando por los kgs de más que adquirió en los últimos días, con el hígado gritando "basta de alcohol" y puteando contra el Sr. Roarke y Tatoo, que te hacían creer  que eso era el verdadero paraíso...

domingo, 25 de marzo de 2018

Animales de playa


Ante todo tengo que decir que me gusta el mar. Soy de las que suspiran cuando ven fotos de playas paradisíacas de aguas cristalinas y arenas blancas; y de aquéllas que se babean viendo una hilera de palmeras. También me gusta mucho el agua. Estaría horas boyando a la deriva o jugando con las olas.
Pero del dicho al hecho...
Confieso que soy del tipo "turismo ezquizofrénico". De esos tours de 20 países en 30 días y régimen militar: 5 hs. llamada; 5:30 maletas en la puerta; 6 hs desayuno y 6.30 partida... hacia un destino pero no sin antes hacer 25 paradas por el camino. Eso sí: salir vestidita y llegar vestidita y lista para un buen baño!!
Lógicamente con este panorama la playa me aburre!! No entiendo cómo la gente puede estar horas tirada como un lagarto al sol haciendo NADA, levantándose sólo para un chapuzón ocasional.
Además, ¡¡todo ese incordio!!! 
Tal vez la cosa cambiaría si hubiera playas techadas, pero dado que eso aún no existe (y no creo que sea rentable), está el infame sol que se relame al ver pieles tan blanquitas y jodidas como la mía.
Así, cada vez que salgo debo encremarme entera: protector solar de bebé para al menos tener una insolación tratable, cuestión que se hace difícil viajando sola, ya que hay lugares a los que las manos no llegan, por más que intente posiciones contorsionistas. Y así, termino quemada donde los manotazos no llegaron a encremar la espalda.
No olvidar tampoco el labial de manteca cacao. He tenido la experiencia de labios flechados y no resultó agradable, por cierto.
Sombrero, por supuesto. También me he quemado el cuero cabelludo y puedo recordar lo doloroso que fue y lo odioso de no poder calmar el ardor!!
Y nada más salir y comenzar a sudar.
Entonces el sudor se mezcla con el protector solar haciendo una crema apestosa y tufienta que comienza a chorrear... hasta llegar a la playa porque ahí el viento y la arena se encargan de marinarte el cuerpo. En este punto se pierde la humanidad para transformarse en milanesa.
Y la arena... qué linda se ve en las fotos pero qué sucia, caliente e inmunda es en vivo!! Si vas descalza te quema los pies; si tenés ojotas o sandalias, comienzan a llenarse de esos granitos molestos!!
Con suerte habrá una sombrilla o palmera amiga que te proteja del sol directo. Pero aún así, a los 5 minutos de estar allí debajo, sólo quiero mojarme!!!!!!!!
Y ahí... al mar!! que es cálido sólo en folletería. Conocí varias playas y debo decir que nunca encontré una de aguas cálidas. Lo más cercano fue templadito. Pero bueno, el cuerpo se acostumbra a todo.
Así, la marinada se vuelve salsa, sumado al salitre del mar. Una pasta asquerosa!!!, sin mencionar la arena y/o sal que se va acumulando en lugares poco apropiados.
Y soy jodida. Sí que lo soy. Un mar sin olas me parece sumamente aburrido. Para eso, me baño en una pileta!! Y si tiene demasiadas olas, te tumban a la mierda y terminás tragando agua salada.
¿Punto medio? No hay.
Y está el otro tema, si es que viajás sola como yo: las pertenencias!!! ¿Cómo podés estar tranquila dándote un baño cuando tenés tu bolso, tu cámara, tus anteojos, lejos de tu alcance, en la playa?... ¿Y si los amigos de lo ajeno se lo llevan? Al menos yo no encuentro tranquilidad y mientras dura mi aventura acuática, cabeceo tanto hacia mi "parada" que me llega a doler el cuello!!!
Finalmente, destruída, con la malla llena de arena, el pelo pegoteado por la sal y la espalda que ya pica por el sol, volvés al resguardo de tu sombrilla.
¿Y ahora qué? Esperar a cocinarse del calor para que todo comience de nuevoooooooo... y en mi caso, con una única idea fija: volver al hotel a bañarme!!!!!!!!!
Definitivamente no soy un animal de playa.  Puedo llegar a aguantar un día, dos y al tercero sólo con chaleco de fuerza y a la rastra me llevan de nuevo!!!
Y generalmente donde hay playa, hay resorts. Pero ése será tema de otro post.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Perdidos en Ginebra



El título de este post puede hacer referencia a problemas etílicos, pero lo cierto es que si algo conservábamos en esta aventura era la sobriedad, así que -descartada la presencia de bebidas blancas en este relato- paso a contar.
Cuando llegamos a Ginebra, entramos en ómnibus a la ciudad. Así nos mostraron la estación de trenes, la Basílica de Notre Dame, el lago Lemán que cruzamos por el puente del Mont Blanc, el clásico reloj de flores... todo en medio de un día soleado, con cientos de personas en un clima festivo, ya que -según dijo la guía- teníamos suerte de llegar para las festividades de agosto, donde la ciudad se vestía de gala y había muchas celebraciones y ambiente que disfrutar.
Sin embargo, a medida que nos alejábamos del mundanal ruido, del lago y de la gente, nuestras caras iban cambiando, para enterarnos que nuestro hotel se encontraba en la francesa Annemase, a unos cuantos kilómetros de todo lo bello que habíamos visto.
Eso no hubiera sido una mala noticia, de no ser porque sólo teníamos una tarde en Ginebra y esa tarde era libre!!!
Muy suelta de cuerpo nuestra guía nos indicó que llegar al centro sería facilísimo, ya que había un bus que pasaba por la esquina de nuestro hotel y nos dejaba exactamente en la estación de trenes de Cornavin, muy cerca de la basílica y de todo aquello que queríamos ver más allá de la ventanilla de un ómnibus.
Confieso que la odié.
La entrada al hotel fue decepcionante. Parecía un local abandonado, sin un sólo mueble ni planta que ocupara el ambiente. Sólo un exhibidor con folletería y dos puertas metálicas de ascensores. La recepción estaba en el primer piso.
Debo confesar que fue la primera vez que me alojé en un establecimiento de ese tipo. Parecía más un hostel (y de los peorcitos), que un hotel con más estrellitas.
Al llegar al primer piso (en turnos, porque no todos podíamos subir juntos), el ambiente que nos esperaba arriba no era mucho más espacioso. 
Como era demasiado temprano aún para el check in, sólo nos indicaron dónde depositar nuestro equipaje y nos permitieron ir al baño, para dejarnos la famosa tarde libre.
Era más o menos la 1 de la tarde y estábamos algo famélicos.
Caminamos hasta la plaza principal de Annemase y almorzamos en uno de esos restaurantes típicos. Una hamburguesa, que -digamos- era la comida más conocida que tenía el menú.
Pasadas las 2 caminamos nuevamente para el hotel, deseando entrar a nuestras habitaciones y al menos usar nuestros propios toilettes, mas vimos el bus indicado llegar a la parada y, dado el poco tiempo del que disponíamos, lo tomamos sin dudar y sin detenernos en el hotel-hostel.
El viaje fue bastante largo para mi gusto (y de pie, porque venía atestado de gente),  pero todo iba bien hasta que en una parada nos detuvimos. 
No era la estación de trenes ni nada que se le parezca; y, pese a que no nos movimos de los asientos, de pronto el chofer nos "obligó" a bajar.
Descendimos confundidos. La mayoría hispano hablantes, que formábamos parte del mismo grupo y también una señora mayor que cargaba una valija, quien en peores condiciones que nosotros, hacía preguntas en francés que  ninguno de nosotros sabía responder.
Alguien comprendió al fin la cuestión y resultó ser que, a causa de las famosas festividades de agosto, nuestro bus sólo llegaba hasta esa parada, donde tendríamos que esperar otro bus que nos llevaría a la estación de Cornavin.
La pregunta del millón era por qué si el otro bus llegaba a Cornavin, no llegaba éste. Pero con los suizos mejor no discutir demasiado.
Allí quedamos varados, sin saber dónde cornos estábamos, hasta que muchos minutos más tarde llegó el nuevo bus.
Subimos ansiosos y obedientemente leímos los cartelitos de cada parada sin tener la más remota idea de dónde nos encontrábamos.
Cuando vimos anunciar la parada Cornavin, bajamos atolondrados.
Todo hubiera sido perfecto si no fuera que el bendito cartel anunciador estaba desincronizado!!!!
Ni ahí el lugar se acercaba a la estación de Cornavin.
Intenté preguntar en inglés a varias personas, pero después de varios intentos fallidos, decidí hacer caso a mi instinto y comenzar a caminar.
Así llegamos a la Basílica de Notre Dame. Y a partir de allí el camino a Mont Blanc era clarito.
La pregunta del millón era cómo regresar, pero por ahora no nos preocupaba. Había que disfrutar de la tarde... y rápido!! porque ya habíamos perdido más de una hora en el dichoso periplo.
Teníamos poco tiempo para recorrer, así que el paseo fue intensivo y agotador, ya que hacía un calor abrasador (lo que no sabía en ese momento era que tenía que aprovechar ese sol que no vería en la próxima semana en Suiza!!)
Ginebra era un mundo de gente y terminamos separándonos como grupo, para que cada cual pudiera hacer lo que quisiera en el poco tiempo que disponíamos.
Dejé para el final la compra del souvenir local (un imán para sumar a mi vasta colección), mas cuando acordé eran pasadas las 18 y TODOS los locales habían cerrado.
¿¿¿Cómo es posible que en pleno verano en una ciudad turística todo cierre a las 6 de la tarde???
Cansada, decepcionada y sin un puto recuerdo de la ciudad, caminé hacia la estación. No tenía sentido seguir dando vueltas en ese mundo de gente enloquecida.
En un bar vi a mis compañeras de viaje españolas y me senté a recuperar energías, mientras compartíamos nuestra decepción por esa tarde desperdiciada y perdida.
Tras una parada técnica en el toilette, partimos a Cornavin. Y allí todo fue más sencillo. Pudimos sacar nuestro ticket en el bus original (ya que el regreso sí corría) y, aunque los cartelitos seguían algo descoordinados, llegamos a destino.
Estaba aún a bordo del bus cuando advertí que había dejado mi campera impermeable en el bar!!!!
Volver era una locura y, francamente, en ese momento hubiera buscado un burro para que me diera patadas en el culo!! Pero gracias a la diligencia de mi guía (que calmó mi enojo con ella por la odisea en bus) y a que al día siguiente  por la mañana tendríamos el city tour por Ginebra, la pude recuperar (un verdadero milagro que no sucedería en Argentina, desde luego; y que fue fantástico porque después llovió tanto que fue la vestimenta que más usé)
Finalmente el hotel-hostel resultó ser muy cómodo y bien equipado. La habitación, un lujo!!, lo que (junto a la actitud de mi guía) confirmó que las primeras impresiones no siempre cuentan!!!!

lunes, 2 de octubre de 2017

Los euros voladores


Como viajera frecuente, tengo una y mil historias de aeropuertos. Especialmente de abusos, en los últimos tiempos.
El personal aeroportuario se ha vuelto cada vez más paranoico y, en medio de esa locura, pasan por alto cosas elementales por inclinarse hacia trivialidades.
No suelo viajar con mucho dinero en efectivo. Utilizo más las tarjetas.
Tal vez eso forme parte de un "síndrome kirchnerista" mal curado, de las épocas en que tanto nos costaba conseguir moneda extranjera. Lo cierto es que trato de preservar los billetes como el Tío Rico, cuando guardaba las moneditas abrazándolas en su regazo.
No sé por qué en este viaje llevé tanta cantidad de efectivo. Quizá fuera porque hice las valijas con tanto apuro que hasta me dio fiaca desarmar el sobre en que tenía guardados los euros, para tomar sólo una parte. Lo cierto es que llevé una cifra de 4 dígitos bastante considerable.
Siempre guardo el dinero en mi bolso de mano. Jamás en la valija que despacho. Así me aseguro que siempre el dinero permanezca junto a mí.
Pero en este viaje no contaba con las autoridades aeroportuarias suizas, que trastocarían mi ritual hasta dejarme al borde de la locura (bueno, confieso que también yo contribuí... bastante!!).
Previo al vuelo Zurich/Frankfurt me pasó algo en los controles que nunca había experimentado: me hicieron abrir la valija de mano!!!
Es decir, me la mostraron ya abierta y comenzaron a sacar todos y cada uno de los artículos que había adentro: medicamentos, souvenires, balancita de mano... hasta medias y calzones!!
Revisaron absolutamente todo. No había ningún artículo sospechoso, sólo lo sacaron para joder nomás.
Volví a ordenar mis pertenencias y volví a cerrarla. En ese momento ni se cruzó por mi cabeza que ahí estaba el sobre con los euros!!!
Al llegar a la puerta de salida, alguien de la aerolínea se acercó a mí y me dijo que tendría que despachar esa  valijita. 
Pregunté el porqué, ya que siempre viajo con ella, es de la medida reglamentaria y -a mitad del viaje- no estaba excedida de peso.
No me supieron explicar; sólo me dijeron que debía dejarla al lado de la puerta del avión y ellos se encargarían de depositarla con el resto del equipaje ya despachado.
Lo primero que hice fue rescatar la netbook... no iba a despachar la computadora con el equipaje de bodega!! Y entonces recordé los dichosos euros.
En medio del tumulto que esperaba para abordar y, como pude, haciendo equilibrio sobre una butaca, revolví la valija entera sin poder hallar el puto sobre.
Desesperada desparramé ropa sucia y demás objetos, sin lograr dar con los malditos euros.
Cuando comenzó el embarque, cerré la valija, le puse el candado y me encomendé a todos los santos.
Para entonces sólo pensaba que me los habían robado en el control, o que me los podrían robar al dejar mi valija en la bodega.
Fue el viaje de dos horas más largo de mi vida.
Creo que no respiré hasta llegar a mi habitación en el hotel alemán.
Entonces, con la santa paciencia, fui sacando todo y colocándolo sobre la cama, para comprobar... que el sobre no estaba!!!!!!!!!!!
Maldije a los empleados del control, a la aerolínea y a la honestidad suiza!!!! Pensar en las cuatro cifras perdidas y en lo que me había costado comprarlo me volvía loca!!!!!
Y peor aún...  cómo sobreviviría con los pocos euros en efectivo con los que contaba.
Grité, lloré y puteé hasta el cansancio.
Entonces me lavé la cara y me dije "el viaje debe continuar" y sólo tenía una tarde libre para recorrer Frankfurt. No iba a permitir que esto lo arruinara.
Una vez que me tranquilicé, me di una ducha y abrí la valija grande para ponerme ropa más fresca. 
Y allí, entre las decenas de folletos que traía de Suiza... estaba el sobre!!!!!!!!
Sentí que el alma me volvía al cuerpo y me arrepentí de tantas maldiciones que había echado.
Lloré una vez más agradecida de haber encontrado los euros que creía perdidos en vuelo y de rabia, por ser tan despistada, impetuosa y cabrona.
Llené de besos el sobre, lo guardé en la caja de seguridad y, con la cabeza despejada, pude perderme en las calles de Frankfurt y disfrutar el paseo por las aguas del Main.

domingo, 24 de septiembre de 2017

En todos lados se cuecen habas



Crecí escuchando acerca de la excelencia alemana, la puntualidad, la limpieza, la honestidad, la perfección... pero a poco de estar en Alemania y, previa visita a Suiza, me di cuenta que loa alemanes distan bastante de todas esas cualidades, o bien los han cambiado los años.
Después de una semana en Suiza, donde cada engranaje encaja de un modo perfecto con el otro y todo en conjunto funciona ininterrumpidamente sin errores ni contratiempos, llegar a Alemania fue prácticamente como volver a Argentina.
En realidad todo comenzó antes de mi estadía en Suiza, al poner mis pies en el aeropuerto de Frankfurt.
Se supone que las desprolijidades, demoras y chapucerías son derechos registrados argentinos, no alemanes. Que todo lo que me pasó en el viaje a Chile sólo puede ser posible con una aerolínea argentina, no con la snob Lufhtansa. Pero no, en todos lados se cuecen habas.
Llegué y consulté mi tarjeta de embarque: mi conexión salía de la puerta A-40.
Si bien tenía 7 horas entre un vuelo y otro, fui directamente a la puerta para quedarme tranquila, porque el aeropuerto de Frankfurt es monstruosamente grande.
Finalmente llegué y me instalé a leer, mientras esperaba.
Todo iba bien hasta que se acercó la hora de embarque.
Entonces nos notificaron de un cambio: el vuelo saldría de la A-37. Fuimos para allá y  me instalé a leer, cuando nuevamente anuncian un cambio: a la A-41.
Alli nos dirigimos, pero no llegamos ni a sentarnos cuando nos llaman a la 27!!
Como estaba lejos, ya comencé a correr para llegar a tiempo.
Después de tantos cambios, no me contenté con encontrarla, sino que pregunté a un empleado del mostrador si ésa era la salida para Zurich. Confirmó que sí. Y ahí me senté entonces tranquila, volví a sacar mi e-reader para leer.
Ni señales del abordaje. En cambio sí noté que la gente se movía inquieta... otra vez nos habían cambiado de puerta!!!! A la original A-40. Y esta vez ni siquiera se habían molestado en anunciarlo por los altavoces!!
Nuevamente a correr... y así llegamos todos a la puerta sólo para comprobar que en el camino nuevamente nos habían cambiado, a la A-36.
Y sí, fue la definitiva. Pero cuando atravesamos la puerta rumbo al avión, nos esperaba un bus, que por supuesto nos trasladó a otra puerta!!!!!!
Hubiera esperado eso en mi país, pero no en la perfecta Alemania!!!
Con una hora de atraso estábamos sentados en el avión cuando anunciaron una demora debido a que dos personas no se habían presentado y, por ende, había que bajar el equipaje del avión.
Oh, no!!, pensé... otro retraso!!!!
Miré por la ventanilla. Tres empleados se acercaron a la aeronave, de la que sacaron una cinta y acercaron un carrito.
Comenzaron a salir las valijas: una, dos, tres... diez!!!
Llenaron un carrito... y, después de unos 15 minutos, trajeron otro.
Yo pensaba: ¿cuánto equipaje tenía esta gente?
Lo cierto es que no estaban sacando el equipaje de los desertores, sino que tenían que encontrarlo!!!!!
De los tres empleados sólo uno retiraba los equipajes de la cinta, mientras los dos restantes (apoyados en el carrito) conversaban entre ellos, sonrientes, mirando al que trabajaba que, como no daba a basto tenía con frecuencia que detener la cinta, para poder bajar todo sin que cayera al suelo.
Uno trabaja, dos miran... ¿les suena, compatriotas?
Después de sacar todos los bolsos (o al menos un 80%) aparecieron las de los pasajeros que no habían subido al avión.
Entonces... a cargar nuevamente!!!!!!
¿Y creen que lo hicieron entre los tres?... no, no sean ilusos. Sólo cargaba bultos el mismo infeliz que había sacado el equipaje inicialmente.
Tras una hora de estar contemplando la perfección alemana en acción, el avión comenzó a moverse.
Llegamos tarde, malhumorados y cansados.
Yo llevaba más de 24 horas viajando, entre esperas, vuelos y demoras.
El fin de un mito... y el comienzo de un hermoso viaje!!!

lunes, 4 de septiembre de 2017

Buscando las huellas de mis antepasados



Soy una fanática confesa de la genealogía.
He pasado años revisando páginas de internet, documentación y encerrada en las bibliotecas de los mormones acumulando información.
Me interesa saber de dónde vengo, quiénes me precedieron y  conocer cuál fue su historia, que es también la mía.
Así, he reunido un buen cúmulo de información de mis antepasados italianos y suizos.
Desde el minuto uno en que organicé mi viaje a Suiza, tuve una sola idea en mente: visitar el pueblo donde vivió mi tatarabuelo. Aún cuando no tenía claro dónde quedaba exactamente ni cómo llegar, dejé un día libre en Zurich por si acaso reunía el coraje necesario para tomar un tren, dos o tres, para conocer el dichoso pueblo de Mettmenstetten, lugar donde se remontaba la historia de mis ancestros al menos hasta fines del siglo XVIII.
Era poco lo que había podido averiguar, sólo que estaba cerca de la ciudad de Zurich y que era un pueblo pequeño, que no llegaba a los cinco mil habitantes.
Apenas llegué a tierra suiza deslicé esos comentarios al chofer que me trasladó al hotel, un suizo simpático con el que hablaba un inglés clarito y que insistió en que fuera al pueblo, que no estaba demasiado lejos y no podía dejar de conocerlo.
Después de realizar todo el circuito suizo y visitar lugares de increíble belleza natural, siempre pasados por agua (ya que nos tocó una semana lluviosa como pocas!!), terminé nuevamente en Zurich en mi "deliberado día libre".
Hablo inglés, pero con limitaciones. Gracias a Dios contaba con una latinoamericana en recepción, con quien podría investigar la cuestión sin las barreras del idioma.
Consultó por internet y me dio toda la información. Mettmenstetten estaba a sólo media hora de viaje y los trenes salían cada media hora!! Más simple, imposible... si no fuera porque justo ese día Zurich se preparaba para el Street Parade... un festival de música electrónica!!!!!
Aproveché la mañana para pasear en una ciudad desierta, que recién se despertaba armando escenarios, tiendas, barcitos de comidas típicas... hasta uno argentino vi!!, ofreciendo empanadas y churros!!!!
Pasado el mediodía se terminó la paz y avanzó el malón. 
Qué fauna!!!!!!! No sólo eran jóvenes, sino gente aún mayor que yo, disfrazados grotescamente, con cabellos pintados, traseros al aire, disfraces de cualquier tipo, cargados de packs de cerveza y en la mayoría de los casos ya bastante cargaditos de alcohol (3/4 tanque lleno!!)
Mientras avanzaba hacia la Estación Central, venía una masa de gente en contra. Tuve la certeza de estar remando contra la corriente, literalmente.
Cuando la multitud me dejó llegar a la estación, la situación no cambió ahí. Millones de personas bajaban de los trenes, todos gritando alocados, con las caras y pelos pintados. Me daba la impresión de estar en medio de gente desquiciada y no tener escapatoria.
Y entonces a mi puto útero se le dio por hacer de las suyas y zas!!... una de mis tradicionales hemorragias. Pero qué oportuno!!!!!!!!!
Desesperada busqué un baño. Tuve que bajar al subsuelo para encontrarlo, mas no pude ocuparlo. La cola de gente era de unos 50 metros!!!!
En ese preciso momento me dije "qué cazzo estoy haciendo acá???" Ni siquiera sabía dónde sacar el pasaje.
No desistí y fui hasta la oficina de turismo. Allí me informaron dónde estaban las boleterías.
Para mi asombro, la cola era similar a la del baño. Y sólo había tres personas atendiendo... cualquier semejanza con mi país es mera coincidencia!!
Ahí nuevamente me volví a preguntar: "¿qué hago acá? ¿realmente vale la pena?" 
Pero mi curiosidad y perseverancia fueron más fuertes, así que esperé mi turno y saqué mi boleto.
En 10 minutos salía mi tren, del andén más distante que puedan imaginar.
Empecé a correr. Podría ir al baño ni bien llegara al vagón.
Me senté en un lugar tan privilegiado, frente a la pantalla donde se mostraban las distintas estaciones, que tuve temor de perder mi lugar por buscar el baño y no me moví del asiento.
Recorrimos varias estaciones. En cada una veía la ubicación de los baños y pensaba cómo me lanzaría al de Mettmenstetten apenas el tren se detuviera.
Pues cuando al fin llegamos, no había baño.
Es decir, si había no lo encontré. Y eso que busqué!!!
Así que con mi "problemita" a cuestas comencé a andar por esas calles desiertas.
Era domingo; si el pueblo era tranquilo, estaba más tranquilo aún.
Todo ordenado y cuidado, las calles, las casitas, las flores.
Me metí por callejuelas y atajos hasta llegar a un restaurante muy hermoso en una esquina. Supongo que se llamaba El caballito blanco o algo así, por el diseño que colgaba en el letrero de hierro. 
Estaba en una esquina, cerca de la iglesia, los balcones adornados con geranios rojos. Todo era soñado!!
Me senté en una mesa. El día era soleado (al fin!!) y no hacía frío ni calor.
Pedí un capuchino, que me sirvieron junto a una oblea de miel y, pasado un tiempo prudencial, fui al fin al baño!!!!!!!!
Adentro estaba repleto de gente!! Creo que todo el pueblo estaba allí. Recordé esa película en que pretendían engañar a un funcionario sobre la cantidad de habitantes del lugar y entonces se movían en masa de un bar al otro, para hacerle creer que eran más de los que allí vivían.
Todos me miraban con curiosidad.
Claro, debían conocerse todos y una turista que se presente con su cámara fotográfica en un lugar no turístico, sí que debía llamar la atención!!!
Entonces pedí la cuenta. Y allí advertí con horror que me había quedado sin francos suizos!!!!
Era mi último día en Suiza y decidí gastar todos los billetes que tuviera. No imaginé que me quedaban aún los gastos de Mettmenstetten. Ofrecí pagar en euros (algo habitual; los aceptaban y te daban el vuelto en francos) y no aceptaron. Pretendí usar tarjetas de crédito y también las rechazaron.
Pensaba en la eterna broma de mi hermano, que decía que el tatarabuelo Jakob se había ido del pueblo por tener deudas y yo, su descendiente, repetiría la historia tantos años después!!
Cuando ya desesperada iba a ofrecer lavar platos, volqué sobre la mesa las monedas y logré reunir los 4,50 francos, más la propina.
La "mettmenstetiana" me hizo cara de pocos amigos, juntó las monedas y se retiró.
Entonces seguí mi recorrido.
No puedo explicar la emoción que fue encontrarme allí, pensar que mis antecesores habían recorrido alguna vez esos sitios, tal vez habían trabajado esas tierras, plantado algún árbol que aún estaba...
Pueden llamarme romántica, pero quise llevar un puñado de esa tierra, la que alguna vez había formado parte de la vida de mi familia. Pero tenía que hacerlo disimuladamente porque ya era extraña por ir con una cámara, casi había quedado debiendo en un bar... sólo faltaba que me acusaran de robarles tierra!!!!
Me agaché simulando atarme los cordones y creo que en ese momento salieron todos los habitantes a la calle. En una ciudad casi desierta no lograba tener un minuto de soledad para obtener lo que quería.
Tras unas diez agachadas, logré mi cometido. Y orgullosa metí mis tesoros en el bolso: algo de tierra, una piedrita y un pedazo de corteza de árbol.
Me preguntaba si el cementerio estaría cerca. Los padres y hermanos de mi tatarabuelo estaban enterrados allí, conocía sus nombres. Y si tan sólo pudiera encontrar sus tumbas...
Caminé, caminé, hasta que ¡oh sorpresa!... apareció el cementerio!!!!!!
Había dos mujeres adentro, así que supuse que se podía pasar; mas la puerta estaba trabada. Di vueltas por todo el perímetro sin encontrar otra entrada. Tal vez ellas tenían llave.
Entonces encontré un sitio donde había una pila de ladrillos y un espacio entre éstos y la pared, por donde podría pasar.
Continuando con mi raid delictivo, me hice chiquita y entré. 
Las señoras me vieron salir de la nada pero no se asombraron, sino que me saludaron cortesmente.
Recorrí cada una de las lápidas del cementerio y, si bien encontré varias con el apellido de mis ancestros, ninguna era tan antigua. La más vieja databa de fines del siglo XIX.
En eso veo que una familia entra por la puerta que creí cerrada!!! No estaba trabada, sino que sólo lo parecía. Me reí de todos los malabares que había hecho para ingresar, cuando el acceso no estaba restringido.
Seguí recorriendo el pueblo y crucé a mucha gente con criaturas chicas. En ninguna otra ciudad europea había visto tantos chicos juntos!!
Todos me saludaban... o al menos eso creí cuando decían algo impronunciable acompañado de una sonrisa.
Dado que era domingo no pude hacer ninguna averiguación en el Ayuntamiento ni en la Iglesia, que estaba en refacciones. Pero volveré!!!
Tomé el tren que (obviamente) llegó con puntualidad y abandoné Mettmenstetten como mi tatarabuelo tantos años atrás, pero tal vez con menos incertidumbre que él, y con la satisfacción de haber cumplido con un pendiente en mi historia.
Como dije, regresaré...

lunes, 28 de agosto de 2017

Patético fin de una fan



Mi fanatismo por la orquesta de André Rieu no es novedad. Lo he seguido por el mundo y no ha sido muy simple, por cierto, pero nunca antes había llegado al punto de saturación al que llegué con el último concierto en la vecina Chile.
Después de casi un año de planificación, organización, bastante inversión monetaria y mis ilusiones puestas en ese espectáculo, todo se descarriló y tomo un rumbo no deseado, que me hizo llegar a la conclusión de que estoy grande para ciertos trotes y hay cosas en las que debo ceder ante la naturaleza y desistir porque por más que me empecine, tienen vida propia.
Este viaje, aunque bien concebido, estuvo mal parido desde el minuto uno en que se desarrolló.
Para comenzar, la logística del traslado aéreo hasta Santiago de Chile dejaba mucho que desear, pero disponía entonces (hace un año) de pocas alternativas viables. Saldría desde mi ciudad de Santa Fe en vuelo hacia Aeroparque en Buenos Aires y de allí, a Santiago; para regresar nuevamente a Aeroparque y de ahí a Rosario.
O sea que también tendría que contratar un medio de transporte hacia los aeropuertos, ya que no podía dejar mi auto en un sitio saliendo de un lado y regresando a otro. 
Pero al menos volando desde mi ciudad, tomar un taxi sería fácil... eso pensé!! hasta que unos meses atrás se anunció la reestructuración del aeropuerto y desviaron todos los vuelos a la ciudad de Paraná.
Un contratiempo, sí, pero no imposible de arreglar. Sólo estoy a 30 km. de Paraná. Sería fácil llegar allí también.
En medio de estos planes surgieron mis vacaciones de invierno. El viaje ya estaba decidido; la fecha no. Y, por razones laborales, había sólo una opción aprovechando un feriado: programar el viaje para llegar en el feriado del 21 de agosto.
Todo muy lindo, hasta advertir que el vuelo para el concierto era... el día 25!!!!!!!!... en la misma semana!! Ni alcanzaría a recuperarme del jet lag, que ya estaría viajando nuevamente!!!
Pero bueno, pensé, soy "joven" (al menos traté de convencerme de ello) y puedo hacerlo. Y seguí adelante con mis planes.
En medio de mis vacaciones mi perra Mora, mi hija del corazón, enfermó.
Fueron momentos terribles, que opacaron un poco las maravillas que estaba visitando y sólo una idea cruzó por mi cabeza: suspendo el viaje a Chile. Si ella no está bien, no voy a ningún lado.
Hubo interconsultas, mucha gente maravillosa con la que estaré eternamente agradecida por su forma de atender a mi gordita, movidas y tratamientos, hasta que su mejoría y los consejos médicos me convencieron de que podía ausentarme unos días más.
Bien, otra vez en carrera!!
El día del viaje amaneció gris y encapotado. Ninguna tormenta importante, pero una llovizna molesta.
El remís llegó diez minutos antes de lo previsto, todo marchaba sobre ruedas.
En 15 minutos creo que estuvimos en Paraná; los restantes 45 lo pasamos buscando el aeropuerto!!
Qué ciudad tan mal señalizada!!!! No había más que uno o dos carteles pequeños, algunos equivocados, preguntamos a tres o cuatro personas antes de poder encontrar el rumbo, pero llegamos.
Creí ser la primera en el aeropuerto (me sentí como los protagonistas de esa película islandesa, cuando se despiertan y no encuentran más un ser humano en la ciudad), hasta que fui al baño y encontré a otra mujer. Éramos dos!!
Pronto se fue llenando la sala de espera y demoraron en abrir el despacho de equipaje. Allí fui informada que el vuelo estaba demorado una hora por razones climáticas. Entonces el sol asomaba en Paraná y pensé que también así sería en Buenos Aires (desde donde tenía que llegar el avión para cargarnos a todos hacia allá nuevamente)
La demora fue más demorada y cuando acordamos habían transcurrido dos horas sin noticias.
Mi problema era la conexión a Santiago!!! Si no llegaba antes de que cerrara el embarque, podía olvidarme del viaje. 
Siempre pensé que la empresa debía garantizar la conexión en esos casos. Ahora descubrí que no.
Con los nervios a flor de piel y controlando a cada momento el celular para ver si al fin había salido el avión desde Aeroparque, encontré a otro pobre infeliz como yo, que tampoco sabía si llegaría al vuelo de Santiago, pero con una diferencia importante en relación a mí: él no había despachado equipaje.
Finalmente me comunicaron que cancelarían mi vuelo y me reservarían asiento en el de las 16:10... eso implica que llegaría a las 18:30 a Santiago!!!!!!!!!!!!! A las 20 tenía que estar en el concierto para retirar mi entrada!!!!!!!!!
Entré en pánico y lo último que hice antes de colocar el celular en modo avión fue enviar un whatsapp al taxista (conocido por una amiga en común) para buscar una opción al antes arreglado traslado aeropuerto/hotel, que ya no era viable.
Llegamos poco antes de la 1. Pensé que hubiera podido alcanzar el vuelo de las 13:25, pero no tenía mi equipaje, así que me resigné a esperar.
Grande fue mi sorpresa cuando comprobé que efectivamente lo hubiera alcanzado, ya que también demoró una hora en despegar!!!!!! Mascullando mi rabia, hice mis trámites y esperé el de las 16:10.
El taxista chileno respondió y la respuesta no era muy alentadora. La única opción que tenía era la de llegar, ir directamente al concierto y que él llevara mi valija al hotel.
El hecho de pensar en que no podría bañarme, ni cambiarme de ropa, me provocaba una ira incontrolable. Había elegido tanto la ropa que usaría, llevado maquillaje, mi banderita, la bufanda de André... y nada de eso sería posible!! Ni siquiera ponerme un poco de perfume!!!!!!!!
Pero era la única forma de llegar. Y acepté; no por poco dinero precisamente...
El avión despegó más tarde (una obviedad decirlo, hablando de Aerolíneas Argentinas) y llegué casi a las 7!!!!!!!
Pasé a migraciones.
Yo pensé que mi país era un desastre hasta que vi Chile. Éramos unas 400 personas (siendo generosa) y sólo dos personas atendiendo!!!!!!!! Pensé que en ese preciso instante me iba a dar un ataque y quedaría seca en el piso. Juro que sentía que me iba a desmayar... del odio!!! Pero sobreviví y lo pasé.
De allí me tiré en la oficina de cambios para hacerme de pesos chilenos, fui al baño y retiré mi valija.
Cuando salí, el taxista me esperaba y ahí comencé a correr.
No puedo describir lo que era el tráfico en Santiago a esa hora... caótico!!
Comenzamos respetando límites de velocidad, pasos de buses, etc., hasta que le contagié mi ansiedad y empezamos a delinquir, doblando en lugares prohibidos, avanzando a todo trapo, hasta estar frente al estadio donde se llevaría a cabo el concierto. Eran ya las 8 y 20.
El lugar estaba atestado de gente. Intentamos una entrada y la otra; no nos dejaban estacionar en ninguna. Hasta que bajé al otro lado de la avenida y crucé hacia la entrada principal.
Cuando intenté pasar, me dicen "¿su entrada?" Expliqué que la había comprado por internet y tenía que retirarla allí.
Entonces alegremente me dijeron que no era por esa entrada sino por la otra. Y cuando me explicaron dónde era, el alma me cayó a los pies.
Creo que hice unas 20 cuadras para llegar. 
Atravesé todo un camino de tierra hasta la entrada y luego un parque enorme oscuro, donde metí las patas varias veces en el barro. Corrí más que Forrest Gump!!! Él tenía aparatos; yo, fascitis plantar. 
Traté de olvidar el dolor y seguir sin mirar atrás.
Cuando llegué a la taquilla, no podía respirar. Mi pelo chorreaba transpiración y temblaba sólo de rabia, porque tenía tanto calor en esa noche tan fría, que con gusto hubiera tirado toda mi ropa al diablo!!
Y finalmente, rozando las 20:45, entré.
Estaba agotada, sedienta, tenía ganas de ir al baño, y no dejaba de preguntarme "¿qué diablos hago acá? Tendría que estar con Mora!!"
Mientras caminaba hacia mi asiento sólo me juraba: "es la última vez que hago esto. NUNCA MÁS".
Junto a mí se sentó una de las personas tan maravillosas que conocí en Chile 2013, mi primer e inolvidable concierto de André Rieu, y me alegré mucho de verla, al mismo tiempo que me avergonzaba de mi aspecto. Todas las mujeres estaban maquilladas, bien vestidas, con tacos altos, bien peinadas. Yo era la Cenicienta de las fans, empapada, a cara lavada y con las botamangas del pantalón llenas de barro.
Me gustó el concierto, pero no sé si fue mi cansancio o la bronca, que me impidieron disfrutarlo como otros anteriores. Vi imperfecciones que nunca había notado en los demás espectáculos. Esa noche todo me caía mal.
A la salida, en medio de 20000 personas desparramadas, encontré a mi taxista y me llevó al hotel. Sentí que todo volvía a la normalidad.
Me registré y pregunté por room service. No comía nada decente desde el almuerzo y ya era casi la 1 de la mañana. 
Me respondió con cortesía que el restaurante ya estaba cerrado, pero en la avenida podía encontrar muchos lugares donde comer. 
Dejé mis bártulos, fui al baño y salí antes de que mi cuerpo se rindiera a dar un paso más.
Caminé cuadras hacia un lado, hacia el otro... todo estaba cerrado. Hasta en un bar, que estaba abierto y con gente, me dijeron que ya cerraban.
Con mucha rabia regresé al hotel y pensé "si hago cara de Bambi después de la muerte de la madre, tal vez se apiaden de mí y me tiren aunque sea un cacho de pan". Así lo hice, y el empleado amablemente me sonrió, como diciendo "jodete".
A lo único que atiné es a preguntar si el agua del grifo era potable, porque moría de sed!!!
Y cuando llegué, vi un armario debajo de la tele... minibar!!!!!!!! Ataqué una latita de papas fritas y tras un baño, y un litro de agua de grifo intercalada por un clonazepam, me dormí al fin.
Lo que no sabía es que los contratiempos de ese viaje no terminarían ahí... todavía me esperaba el regreso!!!!!!