lunes, 26 de junio de 2017

Paseo en dromedario: una experiencia única e irrepetible!!



Puede parecer ingenuo o descolgado de la realidad, pero en lo último que hubiera pensado al visitar el desierto del Sahara era en un paseo en dromedario.
El paquete turístico ofrecía una excursión en vehículos 4x4 por las dunas y eso ya de por sí me parecía fascinante. Cuando consultaron quiénes agregarían aquel animalito a sus vidas, quedé muda. Realmente no lo había previsto.
Estoy un poco (bastante) excedida de peso y siempre evité todo lo relacionado a animales de tiro porque me parecía una crueldad que tuvieran que arrastrar mis kilos de humanidad por ahí.
Así me quedé con las ganas de pasear en carruaje en Viena y no me anoté en el paseo en calesa en Marrakech sino hasta verificar que eran dos los caballos que tiraban del carro.
En verdad nunca había visto un dromedario (ni un camello) en vivo y no imaginaba lo grandes que eran, lo que no dejaba de apenarme por el peso que debían cargar.
Así, me cercioré muy bien con el coordinador del viaje antes de depositar mis carnes sobre el pobre animal. 
Les pareció absurdo e irracional mi temor. Respondieron contándome la enorme cantidad de kilos que este pobre animal suele cargar durante días a través del desierto.
Y así acepté.
Claro que hasta no comenzar esta aventura no imaginaba que la cuestión de peso era sólo un detalle menor!!!!
Comenzamos la travesía con una divertida reunión en el lobby del hotel, donde los maravillosos bereberes que nos conducirían al desierto jugaron con nuestras cabezas haciéndonos originales y coloridos turbantes con los pañuelos y pashminas que habíamos comprado por docenas días atrás.
Después de innumerables fotos y muchas risas por nuestro aspecto de beduinas truchas, partimos a bordo de una moderna camioneta.
Pronto dejamos la ruta para adentrarnos en la aridez del desierto.
La primera parada fue en el asentamiento de una familia nómade. 
Fue sumamente interesante conocer acerca de las costumbres, de cómo se las arreglaban para enfrentarse a las necesidades cotidianas en un medio tan hostil. Todo mientras (como buena burguesa acostumbrada a las comodidades occidentales) repetía en mi interior: "ni ebria ni dormida viviría esta vida".
Abordamos nuevamente las camionetas y a toda velocidad atravesamos el desierto. 
Me preguntaba cómo hacían para ubicarse, en medio de ese mar de arena, sin ninguna referencia, ni un camino, un árbol, una señal.
Entonces llegamos al lugar de partida de la expedición.
Los camellos estaban atados en filas de 5 o 6, echados en la arena.
Cuando los vi, tan grandes, tan altos y con sus monturas cuadradas sobre las jorobas, entré en pánico.
Ya no se trataba de si soportaban o no mi peso, sino de cómo subiría y bajaría del animal.
Fui colocándome atrás y atrás de la cola hasta que no me quedó otro remedio que subir.
Afortunadamente tengo piernas largas y no tuve inconveniente en levantar mi pierna, pasarla al otro lado y sentarme en la montura. Pero cuando el bicho se levantó fue traumático!!!!!
Primero levantó las patas traseras, por lo que sentí que me iba de trompa al piso, para luego levantar las delanteras y ahí quedé como a dos metros del suelo ante mi grito ahogado: "Ay, Dios mío, me quiero bajar!!!"
Por supuesto que nadie me bajó y el terror se apoderó de todo mi cuerpo.
Subieron las personas que faltaban detrás de mí y partió la caravana.
Ahí el pánico fue mayor.
Yo, que iba a tomar miles de fotos y hacer videos de la travesía, no podía hacer más que aferrarme firmemente de una manija de metal para evitar rodar por el suelo. Una caída desde esa altura hubiera sido fatal.
Todo se movía demasiado y era difícil mantener el equilibrio.
En ocasiones nos detaníamos y la cabeza del dromedario de atrás se acercaba a mi brazo llenándome de una baba espesa y viscosa.
Pronto me di cuenta que debía sentarme más atrás para conservar la postura y ahí pude tener más confianza en soltar una mano y hacer algunas fotos.
Miraba las dunas a lo lejos y me preguntaba si iríamos hasta allá y si acaso bajaríamos y volveríamos a subir, lo que me aterrorizaba!!!! En tal caso, creo que hubiera elegido regresar a pie.
Finalmente me acomodé y lo disfruté (eso fue casi al final del paseo!!)
Muchos no podían encontrar el equilibrio y viajaban torcidos. Otros, como un adolescente que formaba parte del grupo, se inclinaban a propósito porque decían tener sus "paquetitos" apretados!!! (Efectivamente, otro capítulo serían los dolores de asentaderas post paseíto!!)
Por más eterno que parezca todo, llega a su final y ahí nuevamente el pánico se apoderó de mí al pensar en cómo iba a bajar de la bestia.
Quedé en bajada cuando comenzaron a bajar las personas que tenía delante en mi hilera.
Yo (pobre ilusa) pensé que me correrían de ese incómodo lugar antes de descender, mas no. Así como estaba, inclinada, le hicieron doblar las patas delanteras al animalito y luego las traseras. Ahí sí sentí que iba a caer de cabeza!!!!!! Pero por fortuna no hice papelones y pude bajar dignamente.
Quedé como un cowboy de piernas abiertas en forma de herradura por un largo rato hasta que recuperé la compostura (y el aliento!!)
Ya atardecía y el espectáculo de la caída del sol en las dunas era inigualable!!!!
Nuevamente subimos a los vehículos y nos transportaron a una carpa donde cenamos comida tradicional, mientras escuchábamos música berebere.
Más tarde, con un frío que calaba los huesos, nos llevaron afuera a ver las estrellas, mientras con un puntero láser nos explicaban las constelaciones.
Nunca tuve tanto frío en mi vida, pero sí que valió la pena!!!!
Así emprendimos el regreso, mientras asomaba una luna llena que brillaba más en medio de tanta oscuridad.
Y entonces, en medio de ese paisaje tan agreste y extraño para esta turista de las pampas, comenzó a sonar en la 4x4 música de Rodrigo... cuarteto cordobés en medio del Sahara!!!!!! Todo era tan surrealista como haber estado paseando sobre un dromedario a través de las dunas.
Entre risas regresamos al hotel. 
Una experiencia única y (tal vez) irrepetible, pero que me llena de gozo haber podido llevar a cabo, reforzando una vez más mi filosofía de vida de que prefiero arrepentirme de lo que hice que de lo que no me animé a hacer.

7 comentarios:

  1. Me encantó tu relato. Orgullosa de vos que lo hayas hecho y lo pudieras contar!!! Felicitaciones! Nuevas aventuras te esperan!!! El gozo superó los miedos y el terror!!!

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    1. Sí, por suerte pasó a ser una anécdota divertida y la puedo contar!!! Eso sí, no sé si me animaría nuevamente...

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  2. Vencer los miedos es la parte más importante del relato, Cary :)

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    1. Claro que sí!! Hay que atreverse!!!!!!!

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  3. Me dejaste sin palabras... Qué experiencia inolvidable!! Yo sólo estuve dos minutos sobre un caballo y pedí a los gritos que me bajaran, no me imagino sobre algo tan alto y movedizo!!
    Te admiro tu coraje aventurero, sabiendo que puede haber más :)

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    1. Yo también pedía a gritos que me bajaran... sólo que no me entendían ja ja
      Más allá de los miedos, fue algo único e inolvidable...
      Y desde luego, habrá más!!

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  4. Así se habla!!! Qué se hagan realidad nuevos desafíos!!!

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